¿Compartir es un buen negocio?

0

Dicen que estamos cambiando de ciclo y las reestructuraciones provocan cambios a nivel personal y sobre todo nuevos modelos de negocio en un espacio rentable como el que proponen las nuevas tecnologías. A estas alturas escribir sobre la crisis económica no tendría mucho sentido.

Pero lo que realmente resulta interesante es ver como están cambiando los modos y maneras de entender los negocios, con elementos diferenciales que hacen provocar pequeños cambios para acceder a unos servicios de una forma totalmente diferente a como llegábamos antiguamente. También cambian las necesidades, donde ahora te puede resultar útil vender un aparato eléctrico que tienes en casa y que solo te sirve para ocupar un espacio incómodo y lo mejor que puedes hacer es realizar un cambio, trueque o venderlo en linea. Así nacieron los primeros sitios web apoyados sobre la idea del beneficio mutuo donde ahora solo cabe preguntarse si se trató de una tendencia o por el contrario el fenómeno del intercambio está en auge y es una idea efectiva y loable.

¿Compartir es un buen negocio?

Según leí en fastcompany.com, cuando Rachel Botsman, autora del libro “What’s Mine Is Yours: How Collaborative Consumption is Changing the Way We Live” y defensora del consumo colaborativo, preguntó durante una conferencia: ¿Cuántos de ustedes poseen un taladro eléctrico?, casi todos levantaron la mano.

Continuó hablando para llegar a resumir que ese instrumento la mayoría de las personas lo usan alrededor de unas 20 veces en toda su vida. El taladro no se “amortizará” nunca. Situación ridicula donde había norteamericanos que tenían en su casa varios modelos de taladros de diferentes marcas y no habían perforado más de 20 agujeros en toda su vida.

A estas palabras de Rachel Botsman cabría preguntarnos: ¿Cuantos agujeros tienes en tu casa?.

¿Por qué no alquilamos un taladro cuando lo vayamos realmente a necesitar?. O incluso también “alquilamos” la colocación de ese cuadro en nuestra casa a otra persona que la realice de una manera mucho más profesional. Botsman creó sin saberlo en esa charla y en ese momento, lo que más tarde se llegó a llamar la corriente de “la economía del compartir”.

Botsman explicó que “estábamos experimentando un cambio radical a redescubrir un bien colectivo”. La nueva era de la comunicación nos brindó la oportunidad para que podamos ayudarnos a conseguir con menos gastos nuestros propósitos compartiendo las cosas de nuestro vecino.

En esa época, muchas empresas centraban su objetivo en usuarios que tenían la necesidad de compartir productos. Fue tan buena la idea de compartir o alquilar un ‘taladro eléctrico’ que era dificil no encontrar una publicación sobre Internet y tecnología que no mencionara la idea de compartir un taladro eléctrico. La revista Time explicó que “el alquiler de un taladro eléctrico es mucho más barato que comprarlo.” The Guardian dijo que la idea tenía un gran sentido: “Un taladro se utiliza una media de 12 minutos al año” y el New York Daily News dijo a los neoyorquinos que podrían “ahorrar de manera insuperable con el taladro eléctrico de un vecino”.

Cuando leo sobre la idea de negocios que tratan su objetivo en compartir bienes y servicios, raras veces leo nada acerca del crowdfunding como forma de compartir ideas a cambio de financiación. De esto trata la filosofía en Internet, de compartir experiencia y conocimiento, de poner y entregar una labor y hacerla accesible a un público a cambio de un reconocimiento.

La primera empresa en “compartir taladros eléctricos” nunca despegó; la gente seguía comprándose taladros electrícos como si no hubieran escuchado el mensaje, mientras que sitios como Airbnb y Uber se convirtieron en empresas gigantes al captar la idea iniciando su trayectoria sobre una necesidad real: Compartir un vehículo para ir al trabajo.

Airbnb comenzó a alquilar alojamientos en parajes únicos directamente del propietario, donde la idea no era el alquiler de la estancia, mucho más económica que un hotel, sino la posibilidad de alojarte en lugares privados, centricos o inaccesibles en más de 190 países.

Uber conectó a pasajeros con conductores para compartir los gastos de un trayecto en concreto, repetido a diario para ir al trabajo o una localidad cercana como necesidad tan perentoria en grandes ciudades donde la mayoría de los trabajadores que trabajan en el centro de un ciudad, viven en las afueras.

Groupon “compartió” la idea de la promoción más acción colectiva para procurar inclinar un acuerdo entre vendedor y cliente, mientras que Spinlister alquila bicicletas entre particulares con el sloganAhorra dinero, conoce a gente increible y consume menos“.

Hoy en día cuando triunfa un nicho en Internet, se hace eco y rapidamente aparecen otros como el caso de amovens.com donde no es la idea ya de compartir, sino la de cubrir una necesidad concreta de alquiler de coches entre particulares, tratando de llenar un espacio vacio en una materia muy concreta.

Algunos aseguran que el sueño de “la mentalidad del intercambio” en Internet ya está muerto. Se afirma que la gente no comparte cuando realmente a la gente no le ha gustado nunca compartir. El usuario iba buscando una necesidad concreta de forma egoísta como ser humano donde han llamado su atención los espacios o sitios web bajo el paraguas del falso “consumo colaborativo”. La gente no compartía, cuando la gente utilizaba una web de éxito, la gente pensó que ganaba el 100%.

Cuando la empresa norteamericana de alquiler aparcamientos Panda se comercializó como una forma de compartir espacios libres de aparcamiento en más de 40 países, lo hizo con la premisa de que cuando se aparca un vehículo en un estacionamiento, el propietario está utilizando esa plaza al 100%. La intercambia por otra plaza libre que tiene en otra localidad que se quedará totalmente vacía, quiera o no su propietario.

La idea del intercambio y de compartir debe de nacer cuando la persona que propone y la que recibe ganan un 100% en ambos sentidos. Compartir es un buen negocio y lo saben las empresas que triunfaron en la originalidad de enfocar una necesidad para un concepto específico o un uso real.

Airbnb lo hizo bastante bien al facilitar el proceso de alquiler muy similar al de una habitación de hotel pero con el valor añadido de la localización céntrica a un precio mucho más asequible donde la idea original del participar de un beneficio o repartir tiene poco que ver con la promesa original de la economía de compartir.

Tal vez la idea de compartir se está redefiniendo. Tendremos que quedarnos mirando de forma hipnótica a ver si realmente se está dando un giro completo con la creación de herramientas populares útiles para necesidades concretas, porque fuera aparte de que a la gente todavía le encante la idea de ‘compartir’, el ser humano de por sí es egoista y hay necesidades que tienen que ser cubiertas.


Fuentes/Sources:

Rachel Botsman

ted.com

www.fastcompany.com

Imagen: biggerpockets.com

¿Compartir es un buen negocio?
Vota este artículo
Comparte.

Escribe un comentario: