Flotar en el espacio o cápsula de aislamiento sensorial

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Me habían hablado de la experiencia de probar una cápsula de aislamiento sensorial para sentirme flotar en el espacio y vivir una experiencia diferente, sentirte lejos de esos ruidos que nos rodean y del estado continuo de estrés provocado por llevar un ritmo acelerado que hace que no paremos y pensemos que realmente debemos de sumergirnos y sentir una suave flotabilidad que hace que pare por unos momentos el mundo que nos rodea.

Cuesta trabajo encontrar sitios que dispongan de una bañera de aislamiento sensorial en España, pero si te mueves un poco y la buscas la acabas encontrando en algunas capitales. Hay pocas; este tipo de tecnología es el típico campo venido a menos en época de crisis económica donde se vuelve realzar lo tradicional y queda poco espacio para la innovación y el emprendimiento.

La experiencia fue única, y lo cierto es que la última vez que estuve de viaje tenía en mente probar a sumergirme en un tanque de aislamiento sensorial. Me encontraba en una gran capital con un ruido continuo y desconcertante, pero hasta que no dejé las maletas en el suelo de una habitación de hotel, no me di cuenta que por primera vez todo estaba en silencio mientras en mi cabeza continuaba escuchando la calle y sus ruidos. Me pareció que estaba todo en una especie de violento silencio mientras en mi cabeza continuaban los ruidos.

Incluso hasta cuando estás solo, siempre hay ruido de fondo, de tráfico y de gente hablando contigo que parece que están dentro de la habitación. Esas voces y esos ruidos los sigues escuchando aun cuando no hay nadie. Cuando todo está apagado. Los sonidos penetran en tu cabeza y los puedes escuchar aun cuando estás dormido.

Acabas teniendo la impresión de que te pasas la vida entera escuchando sonidos que acaban formando parte de tu vida. Ruidos de la construcción, un bocinazo o todo aquello que funciona y hace ruido, lavadoras, lavavajillas y todo lo que te rodea cuando sales a la calle.

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La solución a todo esto la encontré en lo que llaman una isolation tank o bath sensory deprivation, o bañera de aislamiento sensorial de la que tanto me habían hablado.

Un viaje de una semana que finalmente se había ampliado a tres, donde mi cabeza se había llenado de una especie de ruido interior y había oído hablar tanto de las bath sensory deprivation en Nueva York que puestos a tener un experiencia tan relajante, pensé que ahora era el mejor momento.

En esa bañera podía hacer un intento para lograr quedarme completamente relajado y a oscuras, nadar en un liquido y llegar a sumergirme en una paz absoluta durante unos minutos. Vivir el silencio durante unos minutos. Conocer realmente lo que era la paz y el silencio, y la idea para lograrlo era meterme en un tanque sellado de privación sensorial, desnudo a oscuras y sin escuhar absolutamente nada. Fácil.

Cuando entré en el centro con la intención de probar por primera vez la experiencia de desaparecer completamente de este mundo, me encontré con un tanque transparente situado en el centro de la habitación del tamaño de un coche grande lleno de agua al cual se accedía mediante una escotilla. Una habitación con un olor extraordinario, donde el tanque se iluminaba desde su interior con pequeñas lámparas led que daban una luz tenue de colores que iban del azul al morado. Aquella bañera de aislamiento situada en el centro de la habitación me quitó todos los miedos claustrofóbicos iniciales que traía de poder sentirme encerrado en un pequeño espacio encapsulado.

Dentro de aquella habitación privada, donde una joven previamente me informó de lo que había que hacer, me dejó bien claro que transcurridos sesenta minutos y en el momento en el que escuchara la música, mi sesión habría terminado debiendo de salir para ducharme de nuevo en un proceso inverso. Una vez solo, te desnudas y te duchas a fondo empleando un gel concreto que tienen en el centro para no cambiar el Ph del agua del tanque, te pones unos tapones en los oídos para evitar que entre el agua, entras en el tanque, te tumbas y te pones cómodo.

Bañera de Aislamiento SensorialSituado en el centro de una sala, mientras me metía veía varios tubos que conectaban el interior de la bañera con el exterior. Tecnología del futuro sin lugar a dudas, donde las paredes transparentes de la bañera se combinaban con el exterior para, una vez la luz se apagaba a los pocos segundos de cerrar la puerta de la cápsula, comenzaría a transformarse en un todo, exterior e interior en una única instancia donde comprobaría si era capaz de relajarme y quitarme de encima todos esos ruidos de fondo que seguimos escuchando aun cuando no escuchamos nada.

En el interior del tanque había una profundidad leve que hacia que de pie te llegara el agua por la rodilla. Considerable como para no tocar fondo si estás tumbado y querer descansar tranquilo.

Una vez dentro, me tumbé y comprobé que el agua estaba engrosada con sales que provocaban la flotación, toneladas de sal llegué a pensar que hacían que flotaras perfectamente por debajo de tu espalda de forma tranquila y segura. El tanque estaba insonorizado, era resistente a la luz y el agua rápidamente alcanzó mi temperatura.

Una vez te colocas y te tumbas, dejas de sentir el agua. Forma parte de tu piel y no tienes la sensación de estar flotando sobre el agua. Esa sensación desaparece a los pocos segundos.

Era todo totalmente diferente a como lo esperaba. Me encontraba ahí tumbado, como flotando en el espacio, donde lo único que puedes hacer ahí dentro es pensar. Te intentas relajar y comienzas a darte cuenta del ruido de fondo que hay en tu cabeza. Comienzas a pensar como colocas los brazos y las piernas de manera que estés lo más cómodo posible. Lo significativo al principio de todo esto es que llegas a colocarte en posturas ridículas y te das cuenta de la respiración tan fuerte que tienes cuando lo único que escuchas es eso.

La primera postura que adopté fue totalmente extendido con los brazos a cada lado. Era en esos momentos cuando intenté subir los brazos y ponerlos encima de mi frente, como cuando duermo en la cama. Pensé que peligraba mi flotabilidad por unos momentos pero lejos de ello, conseguí y llegué a relajarme aun más todavía.

La segunda postura que adopté es una postura fetal cuando llegó un momento en el que no tenía ni idea de la longitud por la que me abordaba el agua por el perfil de mi cuerpo. Debes de estar en una bañera de aislamiento sensorial para darte cuenta de lo importante que es esa postura para el ser humano. Esa postura es genial y el aislamiento sensorial es completo. No hay otra postura mejor que experimentar cuando estás ahí dentro. Llegas a sentir y a vivir una sensación parecida a cuando estabas en el seno materno.

El problema de esa postura era el estado de alerta que se crea; con esa posición de brazos, cuello y piernas dobladas, llegas casi a configurar la que imagino es la misma postura de alerta que alcanza el feto cuando está en esa postura, por lo que finalmente adopté de nuevo lentamente la postura de extendido con brazos a los lados. Dentro de una bañera de aislamiento sensorial te mueves lentamente. Tus movimientos se vuelven suaves, como no queriendo que el agua deje de tener esas características que tiene por las cuales te hacen flotar completamente.

En los sesenta minutos que dura tu estancia dentro de la bañera no tienes nada que hacer. Para meditar creo que es un sitio genial, donde solo vas a acabar observando tu tremenda respiración y a concentrarte en ella. Te das cuenta cuando estás en absoluto silencio que tu respiración es brutal. La escuchas y te llegas a angustiar hasta que acabas percibiendo que realmente es la respiración que has tenido toda tu vida.

Por un momento, mi imaginación comenzó a volar. Debido a la sensación que produce la densidad salina, calidad del agua, el olor y la temperatura, me sentía completamente en equilibrio con el medio llegando a imaginar situaciones de flotabilidad solo posibles en un espacio sin gravedad. Notaba solo la gravedad y el peso de mi cuerpo cuando de forma suave levantaba un brazo o una pierna sin que el resto del cuerpo percibiera el empuje hacia el fondo de la cápsula de ese peso.

Mi imaginación se paró de repente deteniendo el tiempo. Comencé a tener leves pensamientos e intenté sumergirme dentro del agua, cosa que me resultaba imposible. Como una fuerza interior me expulsaba hacia afuera y me mantenía como por encima del agua. Durante los primeros minutos en la cápsula llegué a rivalizar con aquella sensación hasta llegar al más absolutos de los estados de relajación que puede llegar a tener una persona.

Momentos después de tener estos últimos pensamientos, tuve la sensación de caer en el más absolutos de los olvidos conmigo mismo. Comencé a imaginar que mi cuerpo avanzaba hacia adelante sin notarlo y sin sentir su avance. El techo de la cápsula cada vez lo veía más lejos de mí cada vez que abría un poco los ojos sin darme cuenta que el techo era transparente. No había luz ninguna, todo se volvía cada más oscuro empezando a dejar de tener conocimiento de las distancias y notando tan solo el perfilaje de mi cuerpo en esa posición.

El sentido de la gravedad, llega un momento es que es completamente irreconocible, notando de forma casual algunas veces como la punta del dedo indice de mi mano tocaba suavemente un extremo de la cápsula levemente debido a la flotabilidad. Me di cuenta entonces que era un sitio perfecto para meditar. Pasé la mayor parte del tiempo meditando con los ojos entreabiertos, es más, llegué a un punto en el que no sabía realmente si tenía o no los ojos abiertos.

No fui consciente del tiempo que allí pasé. Sé que fueron sesenta minutos exactos por la advertencia de la empleada pero perdí por completo la noción del tiempo. Como experiencia fue realmente alucinante.

De repente me pareció escuchar un sonido que comenzó a un volumen muy bajo para posteriormente ir subiendo. Me costó trabajo adivinar que ese ruido se trataba de las olas del mar. Comenzó a sonar una música de piano y luego una flauta, preparándome mentalmente al darme cuenta que ya había llegado la hora de abandonar aquel lugar.

Cuando sonó la música comencé a moverme. Primero de forma suave como queriendo notar partes de mi cuerpo que tenía olvidadas, para pasar luego a movimientos más bruscos antes de abrir la escotilla. Estaba como volviendo a la vida y aquella sensación me parecía irreal. Alzar el brazo para abrir la cápsula era una molestia más por el abandono de esa situación que por el hecho de moverlo en sí.

Me sentía ligero al volverme a duchar. Con movimientos muy lentos pensaba cada postura hasta lograr mayor rapidez. Me encontraba muy descansado, mas relajado y tranquilo de lo que nunca me había sentido en mi vida.

Una vez en la calle, me resultó tremendamente extraño volverme a acostumbrar a los ruidos de la calle. Noté que se me podía hablar perfectamente en voz baja para escuchar con atención sin tener que esforzarme en oír lo que se me había dicho. Recuerdo que al salir de la cápsula sentí una especie de dolor interno que me hizo comprender un poco porque las personas lloramos al nacer. Un llanto creo yo provocado por el abandono de una situación extraordinaria, genial y llena de sensaciones.

Imagen: i-sopod

Flotar en el espacio o cápsula de aislamiento sensorial
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2 comentarios

  1. ¡Magnífica experiencia!
    Y fantástica tu idea de sumergirte de esa manera en el interior de ti mismo.
    Me pareció sensacional y me lo apunto como recurso.
    Muy bueno todo lo que escribes.

  2. Hola Inés,
    ¡Muchas gracias por tu comentario!
    Si te sirve como ejemplo, genial. Es un recurso para relajarte como no te puedes ni imaginar.
    Cuando la pruebes, me gustaría escuchar tu experiencia.
    Un abrazo!

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